
La fiesta del fútbol entre Tolima y Cúcuta fue a puerta cerrada y sin invitados.
Antes del lunes 31 de agosto, el Manuel Murillo Toro había estado sin público en dos episodios. El más largo fue la pandemia: desde el reinicio de la Liga BetPlay el 12 de septiembre de 2020 hasta el regreso gradual de aficionados, el estadio permaneció cerrado por disposición sanitaria nacional, la misma que rigió en los veinte estadios del país.

El segundo fue disciplinario: en febrero de 2023, tras la agresión de un hincha del “vinotinto y oro” contra el jugador de Millonarios Daniel Cataño. El castigo inicial eran cuatro fechas a puerta cerrada, reducidas en apelación a tres y limitadas a la tribuna Oriental.
En ambos casos el cierre llegó desde afuera.

Venía de una semana amarga: la eliminación en octavos de Copa Libertadores ante Independiente del Valle, el segundo fracaso continental del semestre. El partido ante Cúcuta Deportivo rompió ese patrón: por primera vez en el historial reciente del estadio, fue el propio club el que pidió cerrar sus puertas, sin sanción de por medio, y lo sustentó no en un hecho consumado sino en una amenaza que, hasta el cierre de esta nota, ningún ente ha confirmado con evidencia pública.

Esto generó un ruido mediático ensordecedor alrededor del club. A las críticas por el desempeño deportivo, los hinchas, periodistas y opinadores de oficio sumaron a sus argumentos la cuestionable decisión de jugar sin espectadores y el plan para la devolución del dinero de la boletería.

Por supuesto, los leales seguidores pijaos de la Revolución Vinotinto Sur llegaron a las puertas del escenario, pero se plantaron diagonal al ingreso de la gradería occidental para expresar su descontento por lo deportivo y por la decisión que los dejó fuera del estadio, situación que agravó la relación entre las partes.

La RVS fue más allá del reclamo por lo deportivo: cuestionó públicamente la existencia misma de las amenazas, y calificó la medida de desproporcionada frente a lo que, para la barra, es en realidad una respuesta del club a la presión de su hinchada por los malos resultados.

El despliegue logístico y de cobertura televisiva fue el habitual. La seguridad más rigurosa que en otras citas por Liga.



Contra Cúcuta los elegidos por Sebastián Oliveros fueron superiores en el marcador. Los goles de Luis ‘Niche’ Sánchez y Kelvin Flórez le dieron los tres puntos a Tolima. El festejo de Sánchez, ante un escenario vacío, no le cayó bien a la crítica que lo venía cuestionando.


El juego finalizó, lo ganó Tolima, es segundo en la tabla general de la Liga Betplay. Lo que sigue en curso es recuperar la confianza de su gente.

