El eco de los duetos que volverá a sonar

Imagen de campo

Habrá quien mire la estructura de concreto del Parque Centenario y vea solo un cascarón remozado. Pero para la ciudad que aprendió a escucharse en sus acordes, la reinauguración de la Concha Acústica Garzón y Collazos este miércoles 17 de junio no es un acto administrativo: es el fin de un dilatado silencio.

Durante más de seis años, el recinto que alguna vez vibró con bambucos y torbellinos permaneció inerte. El abandono lo había convertido en un objeto más del paisaje, uno que los ibaguereños bordeaban con la resignación de quien extravía una fotografía familiar. La desidia no solo apagó las voces; sepultó la memoria sonora de un lugar que funcionaba como punto de encuentro entre lo popular y lo sinfónico, entre el Conservatorio y la calle.

Este miércoles, a las 6:00 p.m., la Orquesta Sinfónica de Colombia devolverá al espacio su vocación original. Con la particular fuerza que imprime el regreso de músicos nacidos en esta tierra —muchos de sus integrantes son ibaguereños—, el repertorio se convertirá en una forma de recuperar el tiempo perdido. La entrada gratuita, hasta completar aforo, abre la posibilidad de que quienes solo conocían la concha por las historias de sus abuelos puedan habitarla por primera vez. Y de que quienes la vivieron puedan reconciliarse con ese rincón del parque que nunca debió callar.

Una acústica de doble filo

La Concha Acústica, bautizada ahora con el nombre del legendario dueto Garzón y Collazos, no fue un capricho arquitectónico. En su génesis está la idea de un municipio que quiso coser su urbanismo con la identidad de Capital Musical. Pero los escenarios, como las palabras, también envejecen si no se les procura atención. En los años de abandono, sus gradas desnudas y la corrosión de sus fierros hablaban de una ciudad que, paradójicamente, dejaba de oírse a sí misma.

El concierto está previsto para finalizar a las 8:00 p.m., justo a tiempo para que la marea de asistentes pueda seguir el partido de la Selección Colombia. Una coincidencia que alguien leyó como símbolo: el pulso del aguante futbolero y el pulso de los arcos de la Sinfónica, superpuestos por una noche en el mismo corazón del parque.

La transformación oficial no reside solo en la pintura fresca o las butacas nuevas. Está en ese instante en que la batuta rompa la quietud y las primeras notas choquen contra la geometría curva del escenario. Después del miércoles, la concha dejará de ser un monumento a la ausencia. Volverá a ser, simplemente, lo que siempre debió ser: un recipiente de historias humanas que merecen ser contadas en voz alta.