
Todas las fotografías son de Juan Giraldo.
El miércoles 17 de junio, la Concha Acústica Garzón y Collazos abrió sus puertas por primera vez en más de tres años. Lo hizo con más de sesenta músicos en el escenario, la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia bajo la batuta del maestro Yeruham Scharovsky, y una ciudad que llegó a escuchar.

La noche arrancó con Tchaikovsky —Romeo y Julieta, la Obertura 1812— y cerró con el Bunde Tolimense, la misma pieza que grabaron Darío Garzón y Eduardo Collazos, los músicos que le dieron nombre al escenario donde sonaba. Entre esos dos extremos del repertorio cabía casi todo: Mi Buenaventura, Pueblito Viejo, San Pedro en El Espinal, El Contrabandista, Colombia Tierra Querida. Clásicos colombianos y tolimenses interpretados por una orquesta nacional en la que hay músicos nacidos en Ibagué. Ese detalle —ibaguereños tocando en casa, en el escenario más simbólico de su ciudad— le dio a la velada un peso que el programa impreso no alcanzaba a explicar.
Un escenario con historia y con cicatrices

La Concha fue inaugurada el 7 de agosto de 1983, sobre la quebrada Lavadero, en la parte baja del Parque Centenario. Lleva el escudo de Ibagué en alto relieve, arquerías ornamentales a los lados, una figura pijao en el piso, y desde 1991 una cubierta en forma de concha marina con paneles translúcidos. Está catalogada como Bien de Interés Cultural Municipal y forma parte de la franja patrimonial de la calle 10 que conecta el panóptico, la antigua estación de Policía, la Biblioteca Soledad Rengifo, la catedral, la Plaza de Bolívar, la Casa Urrutia y el Seminario: un corredor donde la ciudad guarda lo que no quiere olvidar.

La pandemia la dejó cerrada. En 2021, una inundación terminó de inutilizarla. Cuando por fin arrancaron las obras de recuperación, los ingenieros encontraron una estructura inestable y vandalizada: techos colapsados, filtraciones, deterioro acumulado por años de abandono. El presupuesto inicial rondaba los 7.000 millones de pesos. Tras dos prórrogas, la intervención llegó a cerca de 10.000 millones, repartidos en las tres hectáreas del Parque Centenario: cubierta, senderos, graderías, camerinos, baños, zonas recreativas, circulación peatonal. Por su condición de Bien de Interés Cultural, los trabajos se concentraron en reforzar lo existente sin alterar el diseño original. Se repintó por completo, se modernizó la iluminación, se adecuó una tarima alterna en los bajos del Centenario. El IBAL adelantó un manejo de aguas lluvias para resolver las inundaciones que históricamente inutilizaban el lugar en invierno. La Alcaldía se comprometió a conservar el mural colectivo que casi trescientos artistas pintaron ahí, y a no talar un solo árbol.
Los músicos que le dieron el nombre

Darío Garzón Charry y Eduardo Collazos Varón se conocieron en el Conservatorio del Tolima, donde ambos fueron alumnos de Alberto Castilla. Formaron su dueto en 1938. Debutaron en Ondas de Ibagué y La Voz del Tolima, grabaron en Cuba para RCA Victor, y desde 1950 fueron artistas exclusivos de Sonolux. Les llamaban los Príncipes de la Canción. El dueto terminó en 1977, con la muerte de Collazos; Garzón murió diez años después. De su obra salieron Soy colombiano, Soy tolimense y el Bunde Tolimense que la Sinfónica Nacional tocó el miércoles en su honor, en el escenario que lleva sus nombres, ante una ciudad que los recuerda cada año con una serenata frente a sus tumbas en el Cementerio de San Bonifacio.
El reconocimiento y la piedra nueva

La alcaldesa Johana Aranda entregó esa noche un reconocimiento a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia por sus noventa años de trayectoria —la institución fue creada por decreto el 11 de julio de 1936— y a los músicos tolimenses que la integran. También afirmó que era la primera vez, en la historia del escenario, que la Sinfónica Nacional se presentaba en la Concha Acústica. Es una declaración suya; no hay otra fuente que la confirme o la contradiga.

Esa misma noche se develó La Clave de Sol, un monumento nuevo concebido como homenaje al talento musical que sostiene el título de Ibagué como Capital Musical de Colombia. La obra incorpora elementos que evocan instrumentos de distintas regiones del país.
El festival que abre

El concierto fue el acto inaugural del 52° Festival Folclórico Colombiano. La Concha Acústica Garzón y Collazos volvió a sonar justo a tiempo para recibirlo. Afuera, el Parque Centenario recuperado. Adentro, sesenta músicos tocando el Bunde Tolimense en la ciudad que lo vio nacer.



